Graduación
Para muchos, la mejor ceremonia. Para otros, uno de los días más importantes de su vida. Y, para algunos otros, un día lleno de orgullo. No importa desde que asiento estuvimos presentes, contribuyendo con fuertes aplausos y gritos de alegría y apoyo. Lo importante y significativo es que sin lugar a dudas, fue una ceremonia muy especial, sacando a flote miles de sentimientos y recuerdos que la mayoría de los que estuvimos en el escenario, dificilmente pudimos contener para no soltar algunas lágrimas. No soy la única al pensar que el momento más importante de toda la ceremonia es cuando recibimos la diploma y medalla, y nos paramos frente a todo el público en el medio del estrado, orgullosos de haber logrado una de nuestras metas y mostrándole a nuestras familias y amigos, que fuimos capaces de lograrlos apesar de que en algún momento nos consideraban locos por estudiar algo que no brindaba un futuro muy solvente o serio como los convencionales puestos de abogados, ingenieros, doctores, arquitectos, etc., sino muy por el contrario, perfiles profesionales orientados hacia el ser, hacia la información, el desarrollo, la creatividad, las emociones y muchas veces, la locura.Pero al margen de ese momento, hubo otro muy especial también. Cuando nuestro padrino presentó un video sorpresa. La mayoría no podía creerlo, y es que creíamos que teníamos todo controlado y que nada podía faltar o sobrar. Pero, la pantalla no mintió y ahí estaban Martín y Alberto. Al margen de la obsesiva admiración que podamos sentir por la belleza física de Alberto, no podemos dejar de lado su gran sentido del humor y gran corazón. Fue muy gracioso ver a Alberto derrochando gran dominio y destreza al tocar los gemelos apesar de su falta de ritmo. Creo que podemos impartir algunas clases de "cómo ser un maestro de la percución"
Adelante compañeroooo



